Recursos Naturales

El contacto con la naturaleza

 

La naturaleza favorece el bienestar físico y psíquico del ser humano (Selhub y Logan, 2013). Fomenta la atención, reduce la agresividad y ayuda a la recuperación física. En las últimas décadas, la conciencia de nuestra relación con el medioambiente se ha ido incrementando, así como las constataciones sobre los efectos del entorno natural en nuestra propia naturaleza. Recientemente, la revista Observer, de la Association for Psychological Science de Estados Unidos, ha publicado un artículo en el que se revisan los estudios realizados en los últimos años sobre la relación del ser humano con la naturaleza, y la importancia de ésta para nuestra salud. Estas investigaciones han demostrado que los entornos verdes favorecen el bienestar psicológico, con una mejora de la atención y una reducción de la irritabilidad y de la agresividad; y el bienestar físico, favoreciendo, por ejemplo, la pronta recuperación de pacientes que han padecido operaciones quirúrgicas.

El contacto con la naturaleza siempre ha sido una herramienta terapéutica (Selhub y Logan, 2013). La exposición a escenarios naturales tiene un profundo efecto restaurador en la capacidad de concentración del cerebro. Nuestros ancestros evolucionaron en contacto continuo con los entornos naturales y por ello, en dichos entornos nos encontramos más cómodos, más relajados, como si estuviéramos en casa. Nuestro bienestar depende de la naturaleza debido a la evolución de nuestros ancestros en este entorno. También se puede constatar que existe una relación entre la exposición a la naturaleza y el autocontrol. Además de los evidentes beneficios para la salud psíquica que proporciona la naturaleza, también se ha demostrado que los entornos naturales ayudan al bienestar y la recuperación física.

El contacto con la naturaleza aumenta la salud humana. Frecuentar zonas verdes, ya sean bosques, jardines o zonas peatonales, hace que la gente tienda a ser generosa y a confiar en los demás. Para aquellos que viven en entornos urbanos es fundamental aprovechar las zonas verdes que pudieran tener más próximas, de hecho, cualquier ejercicio hecho en un entorno natural vale más del doble que el que hagamos en el mejor gimnasio del mundo (Selhub y Logan, 2013). El contacto con la naturaleza hace que la gente sea más saludable y a mostrar mayor voluntad en ofrecer su ayuda. Encontramos fuertes lazos de vecindad social y un mayor sentido de comunidad, más confianza mutua y la voluntad de ayudar a los demás. El contacto directo con entornos naturales contribuye a un mayor rendimiento y produce un mejor funcionamiento cognitivo, además de potenciar más la auto-disciplina y el control de los impulsos. En definitiva, proporciona una mayor salud mental. Por el contrario, aquellas personas que no conviven con la naturaleza tienden a sufrir déficit de atención y síntomas de hiperactividad, así como mayores tasas de trastornos de ansiedad y depresión.

El contacto con la naturaleza es también un excelente remedio contra el narcisismo y el egocentrismo tan habitual en estos días. Los medios de comunicación insisten constantemente en desarrollar un hábito consumista, nos hace ver que consumiendo determinado producto somos especiales o incluso más felices (ya sea por tener un nuevo coche o estar más guapa con el último maquillaje de moda); sin embargo, el contacto habitual con la naturaleza hace ver todas las limitaciones que tenemos y así comprobar nuestra insignificancia en este mundo. Con el contacto habitual con la naturaleza uno aprende a valorar lo que realmente importa.

Tal y como hemos dicho, las zonas verdes son elementos vitales en ciudades. Los espacios naturales facilitan la realización de la actividad física, mejoran el funcionamiento del sistema inmune, ayudan a los diabéticos a alcanzar niveles saludables de glucosa en sangre y mejoran el estado de salud funcional y las habilidades de vida de las personas mayores. En cambio, las zonas con menos espacios verdes se asocian con mayores tasas de obesidad infantil y todo tipo de enfermedades cardiovasculares.

El contacto con la naturaleza refuerza la vitalidad del ser humano. Salir al campo, o a otro entorno natural comparable, hace que las personas se sientan más vivas. Además, esa sensación de la vitalidad incrementada que se experimenta al estar en contacto con la naturaleza va más allá de los efectos energizantes de la actividad física y la interacción social que a menudo están vinculadas a las actividades al aire libre.

La mejor forma de obtener energía es el contacto con la naturaleza. Las personas con una mayor carga anímica de vitalidad no sólo tienen más energía para las cosas que quieren hacer, sino que también son más resistentes a las enfermedades físicas. Una de las estrategias para reforzar la salud puede ser pasar más tiempo en entornos naturales agradables. El contacto con la naturaleza consigue un incremento de la vitalidad y una mayor sensación de bienestar. La mera presencia de la naturaleza ayuda a evitar la sensación de agotamiento que, sin causa física aparente, algunas personas experimentan a veces en entornos urbanos.

La naturaleza nos puede proporcionar un gran bienestar. Apreciar la naturaleza nos ayuda a salir de nosotros mismos y olvidar las preocupaciones. Cualquiera de nosotros puede abrirse a la naturaleza con muy poco esfuerzo. Con solo abrir los ojos y los sentidos, la intensa belleza del mundo natural nos acerca más a nosotros mismos. Hasta el silencio total nos puede parecer una especie de música. Lo mismo podemos experimentar aunque vivamos en un barrio o una ciudad superpoblada.

Según el budismo, el mundo físico, incluido nuestro cuerpo, está formado por cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y espacio. Contemplar las cualidades positivas de esos elementos en la naturaleza, ya sea en forma de árbol, flor o mar, es una forma natural de curarse. La naturaleza es combustible para el cuerpo y el alma.

A continuación, pasamos a comentar algunas actividades relacionadas con el contacto con la naturaleza que son de gran ayuda. Podríamos comenzar señalando que incluso los psicoterapeutas deberían considerar el hecho de practicar terapia al aire libre como una posibilidad saludable para el tratamiento con sus pacientes; en este sentido, la llamada nutriecopsicología (saber recomendar los nutrientes más oportunos para el paciente dependiendo de su estado anímico) es otro recurso muy a tener en cuenta (Selhub y Logan, 2013). Otra actividad muy recomendable es la jardinería o el hecho de cuidar un pequeño huerto, esta actividad nos exige atención y dedicación además de desarrollar amor hacia otros seres vivos, aspectos todos ellos claramente psicoterapéutico. Pero, son el senderismo y el ejercicio de abrazar un árbol, los que por sus implicaciones y simbolismos nos parecen más interesantes para equilibrar nuestra salud psicológica en los tiempos actuales.

El senderismo es una actividad deportiva no competitiva que se realiza sobre caminos balizados y homologados por el organismo competente de cada país. Tal como lo dice su nombre, el senderismo es una actividad que se realiza por senderos y caminos existentes en ambientes naturales. El senderismo es un deporte que se ejecuta siempre en espacios abiertos y naturales y uno de sus rasgos más importantes es que permite hacer ejercicio al mismo tiempo que disfrutar la vista y conocer diferentes tipos de paisajes. El senderismo, entonces, se realiza tanto con fines deportivos como con fines lúdicos y de placer. Debido a que existen distintos tipos de senderos y rutas, esta actividad puede volverse apropiada para diferentes personas, tanto jóvenes como adultas ya que depende de cada uno el nivel de exigencia y dificultad a atravesar.

El senderismo es una actividad que siempre existió si se lo considera como caminata o marcha en espacios al aire libre. El senderismo es una de las pocas actividades que puede ser llevada a cabo por casi cualquier persona, incluso por personas de la tercera edad. No es necesario ser deportista, sino personas simplemente dispuestas a disfrutar de una buena forma física, de la belleza del paisaje y de una compañía agradable. Aparte de componentes deportivos, turísticos y culturales hay otros importantes como el lúdico y el educativo, ligado éste último a la interpretación ambiental.

Hay muchos espacios naturales especialmente arreglados y adecuados a las necesidades de esta actividad, con caminos más o menos señalizados y demarcados para facilitar la orientación. Otra de las posibilidades del senderismo es que, al ser una actividad tan amplia, puede ser llevada a cabo en cualquier tipo de paisaje o espacio.

Por otra parte, el fundamento del poder terapéutico del abrazo queda de manifiesto en el gesto de la madre cuando toma a su hijo y su cerebro segrega oxitocina, conocida por ser la hormona del «apego”, y se activa la liberación de serotonina y dopamina, por lo que se experimenta una sensación de bienestar, sedación, armonía y plenitud en el momento del abrazo. Los abrazos alivian el dolor, la depresión y la ansiedad a través del poderoso mecanismo afectivo que ponen en marcha.

En cuanto al ejercicio de abrazar a un árbol, podemos decir que nuestros antepasados buscaban un árbol para abrazarse a su tronco, cuando se sentían angustiados o cargados de problemas. También para descargar ciertas dolencias o enfermedades y poder renovarse de energía nueva. Por el tronco fluye la savia que da energía directamente de la tierra.  Para los occidentales puede parecer algo ridículo. Sin embargo, cada vez más naturópatas y médicos alternativos recomiendan la terapia de abrazar un árbol.
Es una forma gratuita de sentirse en comunión con la naturaleza. Cuando caminamos entre los árboles en un parque o un bosque, podemos llegar a sentir la energía que desprenden. Los celtas creían que cada árbol poseía un espíritu sabio y que sus rostros podían verse en la corteza de sus troncos y sus voces escucharse en el sonido de las hojas moviéndose con el viento.

Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza, nos dan herramientas para sanarnos, relajarnos, fortalecernos, cargarnos de energía vital y son portadores de los mensajes de la madre Tierra.

Existen cada vez más personas que han comprobado los beneficios de abrazar los árboles. Al revés que con las personas que al abrazarlas podemos notar pérdidas de energía debido a factores emocionales, con un árbol siempre notaremos que nos carga, nunca que nos descarga. No olvidemos que todo ser vivo es energía, y al igual que nosotros, los árboles tienen la suya propia, muchas veces entramos en sintonía y sentimos como fluye expresando nuestra sensación de bienestar, tranquilidad, serenidad, etc. La energía que emanan los árboles, al igual que la nuestra, es invisible al ojo físico, lo podemos llamar el aura, muy perceptible sensitivamente. El árbol al igual que las personas está emitiendo vibraciones energéticas constantemente y son perfectamente asimilables por el ser humano, se pueden absorber y podemos beneficiarnos de sus efectos. Podemos captar la energía del árbol a través de la energía que emana el árbol, paseando por un bosque. O en contacto directo con el mismo árbol utilizando las manos y la espalda. Pues el árbol es un ser que está vivo y que respira. Cuando la persona se abraza al árbol entra en una comunión más directa con la Naturaleza. Mediante las raíces del árbol nos conectamos con la tierra, y mediante las ramas del árbol nos conectamos con el cielo. Al estar entre árboles y plantas siempre notamos que cargamos energía; nunca notamos pérdida de energía.

Es bueno también hacer descansar un rato nuestra espalda contra el árbol, para que la renovación de energía afecte también a la espina dorsal y a nuestro sistema nervioso central. El árbol se encuentra emitiendo energía permanentemente, de la cual podemos beneficiarnos.

Las palmas de las manos son unos receptores naturales magníficos de energía. Para tocar el árbol, la técnica más correcta y sencilla es la de seguir con nuestras manos los dibujos y rugosidades de la corteza del árbol, en el sentido que se presentan.

Los árboles pueden ser una gran fuente curativa para la mente. Contemplar la belleza de los árboles es una forma sencilla de conectar con la energía curativa de la naturaleza. Primero considera las características de un árbol: su aspecto inalterable y eterno; su resistencia al viento, las tormentas y el sol; su capacidad para soportar el frío y el calor; su belleza bajo la nieve y la lluvia; su vitalidad. Contempla con atención la masa de hojas, que quizás esté salpicada de flores, frutos o semillas. También puedes observar detenidamente una sola hoja o un fruto, y apreciar su sorprendente belleza y su vitalidad. Las raíces de los árboles están ancladas en el suelo. Aprecia la fuerza y la estabilidad de los árboles, inamovibles como montañas. Aprecia también su flexibilidad. Sus ramas se mueven y agitan al viento con elegancia, de día y de noche, como si ejecutaran una danza festiva más allá de conceptos y nombres. Sé consciente de lo fuertes, hermosos y magníficos que son los árboles. Eso hará que crezcan dentro de ti, espontáneamente, sentimientos de generosidad y fuerza.